La necesaria inclusión financiera de las mujeres


Se sabe que la participación de las mujeres en la economía impacta fuertemente en su ámbito familiar y en toda su comunidad. Y que, asimismo, es necesaria para reducir la desigualdad de género. Sin embargo, muchas barreras dificultan su acceso a la economía tradicional.

La realidad muestra que las mujeres disponen de menos horas por día para trabajar fuera del ámbito doméstico y en general, cuando logran incorporarse al sistema, la mayoría lo hace en los sectores de remuneraciones más bajas.

Para muchas mujeres, la idea de emprender un proyecto propio representa una salida flexible, que les permite manejar su trabajo desde su casa, dedicándole su tiempo disponible. Sin embargo, nuevamente en ese ámbito, se encuentran en desventaja, entre otras cosas, porque no acceden con la misma facilidad a la ayuda financiera necesaria para encarar un emprendimiento propio. Mucha ayuda puede provenir de los gobiernos por medio de regulaciones que encaren el fomento de los emprendimientos femeninos, pero también se requiere capital privado que quiera apostar y proveer los recursos necesarios para iniciar y sostener los proyectos.

Como cualquier emprendedor, las mujeres necesita mentores y el acceso a una red en la que aprender de la experiencia de otras emprendedoras, acceder a muchos beneficios, entre ellos, hacer compras comunitarias, recibir información financiera y acceso a crédito adecuado. Con respecto al crédito, en la actualidad, hay una gran cantidad de la población mundial perteneciente al sector laboral informal que no está bancarizada -unos 2 mil millones de personas-, de los cuales el 55 por ciento son mujeres. Existe otra gran cantidad de población que, aunque recibe algún beneficio social en una cuenta bancaria, extrae inmediatamente el dinero y no utiliza las posibilidades que los bancos pueden ofrecer, por falta de información, desconfianza, o cercanía con su domicilio, entre otras causas. Una de ellas es que los sectores informales suelen carecer de garantías, historial crediticio y otra documentación necesaria para acceder a ese tipo de crédito. Con respecto a las mujeres, el tamaño promedio de créditos ofrecidos por el sistema financiero tradicional a mujeres emprendedoras es inferior que el ofrecido a hombres emprendedores y las tasas de interés son más altas.

Otra barrera sumamente importante para la inclusión financiera de las mujeres es la falta de acceso a la telefonía celular. En los sectores informales, donde las mujeres representan la mayor parte de la fuerza laboral, es 14% menos probable que las mujeres tengan un teléfono celular. Y también hay una brecha en el uso de la telefonía celular para acceder a servicios financieros, ya que las mujeres que tienen acceso, igualmente hacen menos uso específico de sus celulares que los hombres.

En la actualidad, la República Argentina cuenta con una enorme ventaja que hay que explorar y aprovechar. Más del 50% de los ciudadanos posee una cuenta bancaria, ya sea por un trabajo formal, por el sistema previsional o por un beneficio social. En este último caso, la gran mayoría son mujeres que cobran asignaciones universales por hijo y por embarazo. Esta base de datos es un instrumento eficaz para llevar adelante políticas públicas que permitan el desarrollo de herramientas financieras y de educación específica para el conjunto.

Fabiana Ricagno